PLUMA DE GRUPO CANTÓN

La verdadera Tlaxcala


Porfirio Muñoz Ledo

Lecturas: 305

Hace unos días tuve el honor de recibir las llaves de la Ciudad de Tlaxcala. Agradezco la generosidad de la Presidenta Municipal y de las regidoras, todas las cuales son mujeres. Ese amable gesto me hizo repa­sar y repensar la significación de ese Estado en la vi­da de México que, por desinformación y prejuicios heredados, ha sido objeto de acusaciones infunda­das. Creí necesario hacer frente a esas falacias en un obligado acto de justicia y estricta comprensión de la vida nacional. Nuestro país debe a los tlaxcaltecas mucho más de lo que hemos reconocido.

Evoqué la memoria de Rodolfo Stavenhagen, padre de los estudios contemporáneos sobre el México antiguo, y presenté a mi vez siete tesis equi­vocadas sobre ese pueblo.

Primera: Los tlaxcaltecas tuvieron una actitud de escasa significación en los acontecimientos del siglo XVI. Al ingenio de sus habitantes se debe por ejemplo la invención ancestral de la tortilla, famo­sa en el mundo entero y base de la alimentación en Mesoamérica. También constituyen una de las et­nias más antiguas de México, cuyos origenes da­tan del período preclásico (2500 a.C hasta 200 d.C). Sus pobladores, además de la caza y la recolección, practicaban ya la agricultura y crearon una especie de Ciudad-Estado y una economía de mercado, así mismo no dependieron de un líder autoritario sino del primer senado del Continente Americano.

Segunda: Los tlaxcaltecas fueron traidores por aliarse con los españoles en contra de los mexicas. Esta es la mayor falsedad que se les ha imputado. Confundir a los mexicas con lo que en la edad mo­derna ha sido México constituye una calumnia. Las relaciones entre mexicas y tlaxcaltecas fueron be­ligerantes desde su salida de Aztlán Chicomóztoc. Esta animadversión se exacerbó cuando los prime­ros cercaron a los segundos y los convirtieron en pueblo tributario.

 



visitas