EL COMEJÉN…T

Posadas políticas


Óscar Ariel Escalante Zapata

Lecturas: 1823

Como es bien sabido, las posadas son fies­tas populares de origen mexicano que se realizan durante nueve días antes de la na­vidad, o sea, a partir de hoy hasta el 24 de diciembre, donde los políticos no son aje­nos, es más, les encantan.

En otros lugares le llaman la novena de aguinaldos, pero como aquí los recortaron, no tienen caso nombrarlas, porque hasta los del área de vectores de la secretaría de salud, vendrán a reclamar.

En el México prehispánico, donde no ha­bía corrupción, según AMLO, ya que el pri­mer fraude lo cometió Hernán Cortés, en éstas fechas se celebraba el advenimiento de Huitzilopochtli (Huitzi araña para sus cuates), que era el Dios de la Guerra.

A esas pachangas se les llamaba Pan­quetzaliztli, no porque dieran panqués, si no porque los maridos regresaban bien jumos, hasta atrás, como cojones de Xoloitz­cuintle y cuando llegaban a sus chozas, las esposas les reclamaban: ‘pan que Tzaliztli, jijue tumá…´; lo peor es que se aparecían no el 24, si no hasta el 26 de diciembre.

Como las fechas tenían coincidencias con las que los europeos celebraban la na­vidad, durante la evangelización nos cam­biaron la imagen de Huitzi por la de María y José.

En el siglo XVIII, la celebración, aun­que no dejó de hacerse en las iglesias, to­mó fuerza en los barrios y en las casas, y la música religiosa fue sustituida por el canto popular de las posadas donde se so­licita el alojamiento simbólico camino a Belém hasta el 24, víspera del nacimien­to de Jesús.

Sin embargo, hoy en día las posadas, que primero eran para adorar a un dios de la guerra, luego para celebrar la nativi­dad del hijo de Dios, terminan casi siempre adorando al dios Baco, y ¡hasta el sobaco de bolos!

Las piñatas también datan de los tiem­pos prehispánicos, pero el simbolismo ca­tólico adoptó la de forma de estrella con siete picos, que representan los pecados capitales. Si tuviéramos que comparar ca­da pecado con los políticos, muchos dirían que la lujuria le correspondería a Francis­co Sánchez, la pereza a los diputados que se duermen durante las sesiones, la gula a Braulio Escalante, la ira a Carlos Mario Ramos, la envidia a los que no tienen el po­der, la avaricia a Martha Lilia y la soberbia a Pepe Toño de la Vega.

 



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