LÍNEA ECONÓMICA

Presupuestos racionales


Javier Lagunas

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En tiempos de crisis financiera o bien, cuando se trata de generar ahorros para invertirlos en su expansión o mejoras, las empresas grandes, medianas o pequeñas, recurren a la racionaliza­ción y eficiencia en sus gastos.

Para aplicar tal medida, sus directivos no requieren necesariamente elevados conoci­mientos de finanzas o posgrados en ciencias económicas; lo principal es conocer amplia­mente el estado que guarda la empresa, sentido común y disciplina en el gasto. Con las diferen­cias y proporciones del caso, lo mismo debe ocu­rrir en un país; si el gobierno instaura un plan de austeridad las dependencias que lo compo­nen, incluyendo los organismos autónomos del Estado, no sólo deben sino que pueden ajustarse a su nueva realidad presupuestal pues su eli­te burocrática debe estar en esos cargos más por una genuina vocación de servicio público, que por sueldos o prestaciones de privilegio, si lo que pretenden es esto último, mejor contráten­se en grandes empresas que les paguen lo que di­cen merecer o por las capacidades y preparación académica que dicen tener.

La burocracia dorada mexicana no acepta o lo hace de mala gana, la política de austeridad del Gobierno Federal reflejada en los presupues­tos autorizados por el Congreso de la Unión; se alega que se pone en riesgo su operación y que además es un atentado a su autonomía con la fi­nalidad de desaparecerlos, ello, entre otra serie de “burradas” o frases hechas.

Lo cierto es que desde luego que pueden ope­rar con lo asignado; con inteligencia, disciplina y orden es posible; obviamente si antes recibían 100 pesos y buena parte de ello se iba a salarios y prestaciones altísimos, costosos vehículos, exa­gerados viáticos, onerosos gastos de representa­ción y bonos excepcionales, ahora que recibirán 50 pesos, tendrán que reducirse o de plano eli­minarse las erogaciones superfluas, mientras el resto de los recursos se aplica a las tareas sus­tantivas y originarias de la institución u orga­nismo de que se trate. La elite burocrática debe entender y aceptar que NO son altos ejecutivos de grandes firmas privadas multinacionales las cuales, aun pudiendo darse el lujo de pagar exce­lentes sueldos, muestran mesura al hacerlo. El INE es el más reacio, pues trabajan poco y se les paga en exceso.

 



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