CASCARA AMARGA

La historia con Andrés Manuel (2)


Laureano Naranjo Cobian

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Un día, como casi siempre, me invitó An­drés a que lo acompañara a un recorrido por Tacotalpa. Yo, no le pregunte exacta­mente a dónde íbamos y cuánto tiempo estaríamos allá o a que hora regresaría­mos.

La camioneta enfiló veloz bajo la ex­perta conducción de Chuy Falcón.

Como a las dos horas de camino, acerté a preguntar al Licenciado (el licenciadito le decía Octavio) que hasta dónde íbamos porque ya se veían los cerros.

Me acuerdo que le dije: aquí ya nos pue­den capturar los zapatistas. Está muy de­solado. Me contestó: no te preocupes. Ya mero llegamos. Como a las tres horas de avanzar por caminos de herradura, por fin llegamos a una comunidad llamada Guayal, pero ¡oh sorpresa! No había nadie.

Nos colocamos-yo siempre cerca del Licenciado no como ahora- bajo de una frondosa mata de mango. Le pregunte al líder. Oye. No hay gente. ¿Qué pasó? Y me contestó tranquilamente: No te preocu­pes. Al ratito llegan. Vas a ver. Y sí. Como a los diez minutos empezó a llegar la gente. Como cien mujeres y como sesenta hom­bres y los chamaquitos. Salieron como de entre el monte, ya que se reunieron todos, empezó a hablares el Licenciado. Sus pa­labras siempre inspirando confianza.

De repente, escuché que les hablaba de la resistencia civil pacífica, exhortándo­los a que se organizarán para defender sus derechos. Iba muy bien, pero en eso, un lugareño se me acercó y me comentó que ellos no tenían luz y que apenas se alum­braban con candil.

Rápidamente, busqué papel y lápiz y apoyándome en la salpicadera de la ca­mioneta le escribí: Licenciado, me están diciendo que aquí todavía no les llega la luz.

Y se lo pasé discretamente. Entonces, levantó la voz y dijo: me está informando Laureano que a esta comunidad aún no le llega la luz eléctrica, está bien.

Pero cuando llegue...

 



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