INVITADO

Remesas en dólares, ¿a fondo perdido?


Mouris Salloum George

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A fondo perdido se denomina la gestión de recursos públicos, cuyo destino no es pro­piamente una inversión productiva. Se sospecha que las remesas en dólares que envían los trabajadores que emigran hacia los Estados Unidos a sus familiares, po­drían caer en ese rango.

Se inscribirían en el capítulo de las re­servas de divisas extranjeras que esterili­za y celosamente administra el Banco de México. A mitad de noviembre, el monto de esas reservas se tasó en más de 180 mil millones de dólares.

A propósito, ni los economistas más avisados saben en qué columna de la Ba­lanza de Pagos se contabilizan los miles de millones de dólares generados por los trá­ficos de droga, armas y personas.

Criterios de gestión de reservas, ¿inmutables?

Lo que sí se sabe, es que -como los lin­gotes de oro mexicano, que están en bóve­das londinenses- los activos en dólares y otras monedas extrajeras pasan aquí por los libros, pero su disponibilidad depende de la voluntad de la Reserva Federal (Fed) de los Estados Unidos.

Lo que interesaría es saber si los crite­rios estatales sobre la administración de las reservas son, como las sentencias de los magistrados electorales, definitivos e inatacables. Esto es, inmutables.

La inquietud viene a tema ahora que se da por hecho que el comportamiento de la economía mexicana tendrá en la gráfica de 2019 el rubro de crecimiento cero.

Si el compromiso gubernamental es no crear nuevos impuestos ni incrementar los magros vigentes que solventen al era­rio público, ¿nunca se verá que el Estado mexicano, en situación de emergencia y en uso de su soberanía, pueda disponer tran­sitoriamente de aquellas reservas ahora que no puede contar, como antes, de los re­manentes petroleros?

Nuevo máximo histórico en el ingreso de remesas.

Da pie a las anteriores consideraciones la nota de que, al concluir octubre, el mon­to de las remesas enviadas por nuestros compatriotas a México, alcanzó la suma de 30 mil 670 millones de dólares. Dicho a to­no con los financistas autóctonos, un nue­vo máximo histórico.

 



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