CAMINANDO POR LA HEROICA

La que fluía leche y miel


Ezequiel Luna Arias

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Los cardenenses se alegran con la llegada del mes de diciembre y su Navidad. La mayoría quiere renovar esperanzas; salirse de la ruta que ha venido caminando, llena de violencia, de inseguridad, de robos, asaltos e ingratitud en general. Cuánto diéramos por respirar el ambiente de hace unos 20 o 25 años. De ese Cárdenas que se nos fue de las manos, y hoy se halla disperso en otras latitudes donde ha encontrado lo que aquí se le negó.

Qué lejos se marchó aquel pueblo de fines de los 50’s y principios de los 60’s, aquel que en otros lares decían era la tierra donde fluía leche y miel. Con la prosperidad desbordada atraía a miles con sus ingenios azucareros produciendo; el Plan Chontalpa en marcha, la Comisión del Grijalva lo tenía como el centro de operaciones; la producción cacaotera al alza, Pemex y compañías captando mano de obra al por mayor.

Los números no mienten: El municipio en 1950 contaba con 24,164 y en el año 2000 la población cardenense era de 216,903. Un crecimiento demográfico por demás espectacular. Ningún otro municipio tuvo esa dinámica poblacional. De aproximadamente 5 mil hogares subió a 55 mil en el 2000.

Llegaron familias de otros estados y municipios. Comerciantes, obreros y campesinos arribaron para aprovechar las oportunidades. La mayoría echó raíces y aprendieron a querer a esta ciudad; los menos succionaron ganancias y se marcharon.

Cárdenas en esos tiempos era la meca de la economía; la babel moderna, con una amalgama poblacional variado. Convivían y se casaban los llamados turcos (palestinolibaneses) con cardenenses de antaño; los profesionistas de fuera con las muchachas del lugar; los comerciantes con damas de la sociedad; obreros y campesinos.

Así, de la noche a la mañana, a los apellidos Gallegos, Greene, Haddad, Priego, Estrada, Escalante, Noverola, Valenzuela, Naranjo, Del Río, Fuentes, Brito, Morales, Rosique, Broca, Sosa, Aguilera, López, Gamas, Elías, se sumaron los Zavaleta, Ronquillo, Vidaurri, Padilla, Munguía, Castro, Ávila, Amante, etc.

Una mezcla que perdura, a pesar de la inseguridad.  

 



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