LÍNEA ECONÓMICA

STPRM, una oscura historia


Javier Lagunas

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En nuestra pasada colaboración referimos a los oscuros y también siniestros tiempos de un Sin­dicato de Trabajadores Petroleros dentro del que, tanto Joaquín Hernández Galicia “La Quina”, como su secuaz Salvador Barragán Camacho, fueron dictadores de esa organiza­ción durante décadas, igual referimos la muer­te, siempre sin esclarecer, de Heriberto Kehoe Vincent y Óscar Torres Pancardo, dirigentes de la sección 30 de Poza Rica, considerados en ese entonces como amenazas para el liderazgo de los dos primeros. Vale decir que ellos domi­naron la llamada Comisión de Contratos como fuente inagotable de recursos para un pequeño grupo encabezado por “La Quina”. De ella ob­tuvieron lucro extraordinario los altos mandos del STPRM, donde este último fue de los más aprovechados pues la más clara prebenda que se le otorgaba directamente era el trasporte de per­sonal que representaba ingresos por millones de pesos mensuales de los cuales buena parte iba a las fortunas personales de los “representan­tes” de los petroleros, había igualmente talle­res mecánicos a los que Pemex estaba obligado a asignar contratos igualmente onerosos y otros privilegios; de hecho, en 1997 el propio Hernán­dez Galicia confesó abiertamente que su patri­monio era de unos 2 mil millones de pesos (de esa época), cantidad que cínicamente dijo “gra­cias a lo que ahorró a lo largo de su vida”, parte de la cual debe decirse, fue como soldador hasta antes de escalar peldaños en la cúpula sindical; pero la especulación de los analistas de entonces referían que había llegado a amasar alrededor de 3 mil millones de dólares. Anecdóticamen­te él mismo reveló en una asamblea nacional en Ciudad Madero; “si soy riquillo, porque tengo más de 700 vacas que me producen más de 30 millones de pesos por año. Y tengo sembradas mil hectáreas que producen de cinco a diez mi­llones de pesos…Sí soy riquillo pero me lo he ga­nado, no con puestos de gobierno ni con puestos de líder” –se jactaba desvergonzadamente – Y aquellos trabajadores aceptaban y hasta aplau­dían ese cinismo, “todo con tal de conservar la planta” –era la justificación – En resumen sus dirigentes, salvo unas seis o siete excepciones en toda su historia, han sido todo MENOS trabaja­dores, sólo parásitos del sistema. .

 



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