LÍNEA ECONÓMICA

Sólo podían esperar, a veces abyectamente, recibir su plaza


Javier Lagunas

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En pasada colaboración referimos que desde la década de los sesenta y hasta finales de los noventa, el Sindicato de Trabajadores Petro­leros (STPRM) gozó de enormes privilegios económicos sangrando indiscriminadamente a Pemex y que siendo un alfil político del PRI-sistema, sus dirigentes se erigieron en verdade­ros caciques-dictadores de una buena parte de los petroleros a quienes se les imponían prácti­cas como la “militancia” y otras. Para ocupar una plaza los aspirantes debían laborar gratui­tamente en granjas agropecuarias, edificios, tiendas cooperativas, cines y otras propieda­des de esa organización.

Esa militancia era siempre a cambio de algo, desde un contrato de trabajo de 28 días, hasta una planta definitiva; así, el Sindicato práctica­mente no pagaba mano de obra pues eran esos aspirantes a laborar en Pemex quienes aporta­ban su fuerza de trabajo para generarle al pri­mero un gran lucro, esto es, eran los dirigentes sindicales quienes se enriquecían con ello, los petroleros sólo podían esperar, a veces abyec­tamente, a recibir su plaza, es decir, ¡se les co­braba para trabajar! (ni Marx imaginaría eso).

Lo anterior era uno de los lados amables por llamarlo de algún modo, pues de creer tes­timonios tanto de integrantes de Sindicato co­mo de trabajadores y versiones judiciales, a los disidentes que mostraban su desacuerdo con la cúpula sindical en una época dominada por todopoderosos secretarios generales como Joaquín Hernández Galicia “La Quina” y Salvador Barragán Camacho, amos del STPRM durante dos décadas, se les castigaba aplicán­doles suspensiones temporales o la cláusula de exclusión si corrían con suerte, aunque depen­diendo de la “gravedad” del comportamien­to, más si amenazaba el estatus de esa cúpula, podían ser golpeados o sufrían atentados; se recuerda entre los más sonado, a los extintos Heriberto Kehoe Vincent y Oscar Torres Pan­cardo, ambos en sus gestiones como líderes de la sección 30 de Poza Rica, considerados como amenazas para la dirigencia nacional.

 



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