EL COMEJÉN…T

¡Robaron de poquito a bastante!


Óscar Ariel Escalante Zapata

Lecturas: 1942

Hilario Ramírez Villanueva era dueño de una empaquetadora de mangos en su natal pueblo, allá en Nayarit, pero en el 2008 el PAN lo lanzó de candidato a la alcaldía de San Blas, la cual ganó con suma facilidad.

Sin embargo, con el paso de los días y al ver su forma tan peculiar y desordenada de gobernar, el blanquiazul optó por deslin­darse de él y éste terminó su mandato sin penas ni glorias.

Pero un día de junio de 2014, en un des­lucido acto de campaña, otra vez por la presidencia municipal de San Blas, Layín saltó a la fama mundial, gracias a ‘Youtube’, cuando soltó una memorable y disparatada frase:

“Me han criticado porque me gusta mu­cho el dinero. ¿Y a quién no le gusta? Y también dicen que le robé a la presidencia. Pues sí le robé, pero poquito, porque estaba bien pobre; fue nomás una rasuradita”.

Quizá ‘tanta sinceridad’ en el mentiroso mundo de la política, y la fama que obtuvo con esa frase, hizo que los habitantes de San Blas le dieran nuevamente la oportunidad de gobernarlos.

En diversos eventos se presentaba y re­galaba dinero, que no era suyo, ya sea para actos particulares o lanzaba al aire billetes de a 20 y de 50 pesos a la gente; obsequió, inclusive, un vehículo nuevo a Rubí, quin­ceañera que se hizo también famosa en las redes sociales, cuando la invitación de sus padres se salió de control.

Igual se viralizó cuando en un baile del Recodo le alzó la ropa a la muchacha con la que danzaba; todo fue graciosidad para él, incluso, antes de terminar su segundo man­dato se lanzó pa´ gobernador, no ganó, y re­cientemente el OSFE descubrió que no robó poquito, si no más bien, bastante.

Hoy en día Layín enfrenta a la justicia, por varios delitos, en libertad porque pagó fianza, precisamente con lo que robó, y es casi seguro que ni pisará la cárcel, ni devol­verá lo robado.

En Tabasco han habido ex gobernadores, ex funcionarios y ex alcaldes que han roba­do, no poquito, si no bastante, y no pasa na­da, a algunos los alcanza la justicia, pagan con cárcel y siguen disfrutando del dine­ro mal habido, otros lo gastan en España, otros más saltan en el siguiente barco y se­guro que este seguirá siendo un cuento de nunca acabar.

 



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