CURUL 36

El grito austero


Leobardo Pérez Marín

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Aunque por mandato legal ya rindió su Primer Informe de Gobierno, estamos en realidad a po­co más de nueve meses de la administración de Andrés Manuel López Obrador. No lleva ni un año en el poder el primer mandatario tabas­queño. Por eso es prematuro hacer un diagnós­tico certero sobre los resultados de su gestión. Se pueden evaluar avances pero habrá que es­perar algún tiempo para hablar con sensatez sobre si su Cuarta Transformación se volvió realidad o no.

Sin embargo, lo que sí es posible observar son cambios radicales en la forma de hacer las cosas, lo que no ha estado exento de polémica y a muchos ha incomodado pero a otros les ha causado alegría. Por ejemplo, las conferencias mañaneras de AMLO para unos son actos de rendición de cuentas efectiva pero para otros se trata de una sobrexposición riesgosa innece­saria. Hay quienes ven en López Obrador un Presidente incómodo y otros lo observan como un mandatario franco y honesto.

Lo que sí es un hecho es su actitud de auste­ridad que, se puede estar a favor o en contra, pe­ro que no es una pose temporal ni tampoco una estrategia para ganar adeptos. Todo lo contra­rio, esa forma austera de vivir y comportarse y de ejercer el poder es en mucho lo que le ha ge­nerado millones y fieles de seguidores. Y lleva muchos años así, décadas, desde que empezó su carrera política en Tabasco.

Los vehículos los usa para transportarse, no para exhibir lujo o poder; su domicilio lo usa pa­ra vivir, no para presumir bienes; sus vestimen­ta la usa para las formalidades, no para estar a la moda. López Obrador es una persona austera y se comporta y vive de esa manera. En un país como México con millones de personas en la po­breza, esa forma de ser es más que bienvenida.

Una muestra más de su austeridad fue el Gri­to de Independencia la noche del 15 de Septiem­bre. Atrás quedaron las comilonas con licores y manjares caros. Atrás quedaron los invitados es­peciales que era la reunión de la clase económi­ca poderosa y favorecida de cada sexenio. Atrás quedaron también los familiares disputando el balcón presidencial de las mieles del poder.

Para dar el Grito, AMLO apareció con su esposa y punto. Centró el mensaje en el ac­to republicano y no en las vestimentas, las fi­guras especiales o la fiesta exclusiva. Con esa autoridad moral López Obrador lanzó vivas a los héroes que nos dieron patria, pero tam­bién a los indígenas, a la grandeza cultural del país, a la justicia y a la libertad. Y le creemos. Y lo celebramos.

 



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