INVITADO

Corrupción mexicana a tarifas internacionales


Mouris Salloum George

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Hasta la década de los setenta, los precios internos de los derivados del petróleo esta­ban en México muy por debajo de las coti­zaciones mundiales del crudo.

En el ramo de productos agropecuarios para la alimentación, los precios se regían por una política socialmente compensa­toria. Para la década de los ochenta, en que los tecnócratas neoliberales impusieron a los mexicanos la superstición del creci­miento hacia afuera, esas políticas giraron en reversa.

Con independencia de los precios del crudo o de los granos a la baja en los mer­cados internacionales, en México los consumidores fueron obligados a pagar tarifas siempre al alza, sin compadecerse de los impactos en la inflación. Dada la gravedad del impacto de esos fenómenos en la eco­nomía popular, no tomamos a la ligera ese proceso cuando lo vinculamos a otro he­cho de suyo vergonzoso, que es la marca de la casa del régimen neoliberal: La corrup­ción público-privada en nuestro país.

De acuerdo con estudios del Fondo Mo­netario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM), así como evaluaciones de Transparencia Internacional, existe un tabulador mundial que fija de facto, pero ya institucionalizadas, las tarifas de la co­rrupción, que los inversionistas incluyen en el costo de sus proyectos.

Contratos públicos, 27 por ciento; para que “todo salga bien”, 22

Verbigracia: Aseguramiento de con­tratos gubernamentales, 27.4 por cien­to. Para que en el trámite contractual en el ramo de construcción todo salga bien: 22.5 por ciento. Son sólo dos factores en­tre 14. En el caso del Poder Legislativo federal, la sola gestión de recursos presu­puestales adicionales para los gobiernos estatales y municipales, el moche llegó a tabularse hasta en 36 por ciento del mon­to total asignado.

Esa internacionalización de los costos de la corrupción cobró auge extraordinario durante el sexenio de Enrique Peña Nieto. A finales de ese periodo, se tasó en un billón de pesos al año la carga dineraria extra so­bre los hombros de los compatriotas.

 



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