INVITADO

República de Baja California


Mouris Salloum George

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El separatismo territorial y político no es un producto de generación espontánea. Siempre hay oscuros intereses detrás de él: Decir antimexicanos no es ociosa especulación.

Uno de los fenómenos más historiados es la pretensión de hacer de la Península de Yucatán una República independiente, cinco años después de la separación de Texas, que, después de proponer la república, se convirtió en una estrella más de la bandera estadunidense. Desde los ochenta, en Monterrey asoman larvados movimientos por la anexión del estado a la Unión Americana.

Desde la extinción de los legendarios californios, en el primer cuarto del siglo XX hubo dos fallidas tentativas de tomar la Península de Baja California desde los EU. Al desencadenarse la Segunda Guerra Mundial, el Imperio japonés hizo intentos por hacer de aquel territorio cabeza de playa nipón.

La vocación separatista de algunos segmentos bajacalifornianos no ha cesado: Hacia principios de los noventa, literatura local abogó por hacer de México y la Unión Americana un sólo Estado nacional.

Carlos Salinas de Gortari había iniciado, de facto, la anexión de la economía mexicana a la de los EU desde los estados norteños fronterizos; el de Baja California primero quitándoselo al PRI en 1989.

En 2013 se gestó una asociación ciudadana supuestamente democrática que en 2014 se autobautizó como Partido República de Baja California. Soberanista, se identificó en su declaración de principios.

La necedad del empresario Jaime Bonilla de extender su mandato, a toda costa y cualquier costo, de dos a cinco años, ha removido esos rescoldos anticentralistas.

Existe en ese conflicto poselectoral un marcado contrasentido: El fundador de Morena, hoy Presidente, Andrés Manuel López Obrador presenta como emblema de su gobierno imágenes de patricios mexicanos, entre los que aparece Benito Juárez, el Restaurador de la República.

Pretender el poder por el poder mismo tiene graves costos: Desvertebrar la Federación no sería el menor. Recordar 1836. Con Donald Trump en la Casa Blanca todo se puede esperar.



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