LÍNEA ECONÓMICA

NAICM y Dos Bocas, mismo destino


Javier Lagunas

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Mientras sus detractores pasaron meses exponiendo en los medios de comunicación nacionales el "Armagedón" financiero producto de la cancelación del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México (NAICM), el pasado viernes el Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, informó que ya se terminó de pagar los compromisos que derivaron de la cancelación del aeropuerto de Texcoco en el Estado de México, asegurando además, que pese a la lluvia de amparos, la construcción de la nueva terminal aérea de Santa Lucía sigue adelante. Semejante anunció debió caerles como un balde de agua helada a todos los opinadores estrella de Foro TV y Televisa, encabezados por Carlos Loret y Leo Zuckerman, quienes hasta desfiguraban con grotescos gestos sus rostros ante el sacrilegio de cancelar Texcoco, exponiendo la debacle económico-financiera que, según sus obtusos criterios eminentemente monetaristas, generaría tal decisión, y de lo costosísimo de resarcir a las empresas contratadas; pero nada de eso pasó, si bien existe un pequeño pero poderoso grupo en el país que vio caer el negocio de sus vidas con el NAIM, no se cayó la economía nacional, ni se registraron fugas masivas de capital.

LOS TERRENOS

Es cierto, ese grupo perdió la oportunidad de comprar muy barato las 600 hectáreas que dejaría libre el Aeropuerto Benito Juárez, para después venderlas a precio de oro a quienes ahí construirían grandes centros comerciales; sin embargo, los malquerientes de AMLO, generosamente dotados del dinero de los primeros, intentaron echar atrás la decisión a base exageraciones, información fuera de contexto, en fin, con base en puras mentiras. Miopes a la realidad, a "leer" lo que las mayorías sienten y piensan, cada ataque a Santa Lucía desde donde viniese era un punto más a favor de cancelar el NAICM, como finalmente ocurrió. Caso similar es la Refinería en Dos Bocas: saben que el negocio de la importación de gasolinas se les caerá más temprano que tarde y no hallan cómo revertir ese proyecto; parecen enfermos de ambición, no dudan en manipular y mentir con tal de conservar su monopolio; por eso gastan sumas enormes (aunque migas comparadas con sus utilidades) en comprar a muchos dizque analistas y periodistas, aunque igual será dinero perdido.



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