TELÉFONO ROJO

Temores y esperanzas


José Ureña

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Por historia, todos los estados quieren recibir al Presidente de la República. En muchos lugares hay concentraciones, sobre todo si el mandatario es muy popular o, como ahora, se engrandece el populismo.

Pero el ánimo varía. Hay temores y esperanzas.

Los primeros:

Los gobernadores viven en zozobra porque no hay una guardia formal para Andrés Manuel López Obrador, a pesar de su creciente y poderosa ayudantía encomendada a Daniel Asaf Manjarrez.

Esto los obliga a dedicar un número significativo, para ellos infinito, de su escuálida fuerza a fin de evitar riesgos tanto del tabasqueño como de los miembros de su gabinete y demás acompañantes. Una tarea infinita. Pero hay otro tema pendiente: El presupuesto no les alcanza.

Además de la burocracia existente en cada entidad, deben contratar personal auxiliar para vigilancia y logística, amén de alquilar otros artículos necesarios: hospedaje, tablas para estrados, lonas, sillas, vallas metálicas… y quién controle a las masas.

EL RITUAL DE LOS ABUCHEOS

No siempre quedan bien. Aquí viene la parte política.

Está visto: las concurrencias la organizan representantes del gobierno federal o del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) y acuden a dos cosas: A echar porras al visitante. Y a abuchear al gobernador. Esta maldición es organizada para opositores -gobernadores panistas, priístas, el perredista y el emecista-, pero a veces no se salvan los malos mandatarios de Morena, como es el caso de Rutilio Escandón en Chiapas.

Es ya un ritual, como denunciaron el priísta de Colima José Ignacio Peralta o el priísta de Durango José Rosas Aispuro, ante el silencio cómplice de las autoridades federales y la negativa insustancial de Morena.

Algunos gobernadores han tomado decisiones.

Ninguno se opone a pagar las giras presidenciales aunque sus escuálidas finanzas los comprometan, porque aprovechan la presencia de Andrés Manuel López Obrador para proponerle proyectos a fin de recibir apoyo financiero.

LA CNDH Y GONZÁLEZ PÉREZ

El asedio a los órganos autónomos va en ascenso.

Ya sabemos la censura presidencial al Coneval enunciado de su casi segura desaparición.

En lista de espera está el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (Inai), otro organismo costoso y sin beneficio a los ojos superiores.

Y en tercer en la lista fatal aparece la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), a cargo de Luis Raúl González Pérez.



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