INVITADO

Luz en el túnel


Mouris Salloum George

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En el tránsito de la presidencia de Felipe Calderón a la de Enrique Peña Nieto, usamos la metáfora barril sin fondo, referida a la situación financiera de Pemex.

Para entonces, los barriles de crudo de Pemex aparecían aún llenos. El "barril sin fondo" era la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, a la que la paraestatal no podía saciar su apetito fiscal.

Pasaron por Hacienda Agustín Carstens, Ernesto Cordero Arroyo, José Antonio Meade Kuribreña, Luis Videgaray, de nuevo Meade y José Antonio González Anaya: No hubo soldadura autógena bastante para sellar los boquetes del barril.

En el mismo período, se pasó de la Reforma Energética del michoacano a la contrarreforma petrolera del mexiquense.

A finales del sexenio pasado se dio por asesinada a la gallina de los huevos de oro. El nuevo gobierno no encontró una pluma del ave ni para firmar el acta de defunción.

Empleamos la figura asesinato: No fue un homicidio culposo; fue doloso. Para herir de muerte a la empresa, se aplicó con premeditación y alevosía una fórmula simplista: Es más barato importar que producir (producir, es refinar. Los derivados importados se pagan a costo de dólar).

2019: Deuda por más de 105 mil millones de dólares.

Se dan ocasiones en que la pregunta es si resulta más barato revivir un cadáver que diseñar un clon. Es el caso de Pemex.

La semana pasada se dio a conocer el Plan de Negocios 2020-2022 de la empresa "productiva del Estado", según nueva tipificación peñista.

El doble eje de esa propuesta de resurrección gira sobre dos palancas: Invertir 141 mil millones de pesos entre 2020 y 2022 y reducir la carga fiscal, que monta unos 128 mil millones de pesos.

En el cambio de titularidad en Hacienda, no queda claro cómo el fisco reparará la lesión que le ocasionará el estreñimiento recaudatorio.

¿Dónde quedaron los 200 mil millones de dólares anunciados?

Lo que, frente a esa crisis terminal, vale indagar, es dónde quedaron los 200 mil millones de dólares que -según anunciaron los triunfalistas tecnócratas peñistas para tratar de justificar la contrarreforma petrolera– generarían los contratos puestos a subasta en los pasados tres años, con especial selección de inversionistas extranjeros.

¿Una luz al final del túnel? ¡Cuidado! Puede ser el fanal del tren que viene en sentido contrario. Suele ocurrir.



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