LÍNEA ECONÓMICA

Historias recientes de Palacio


Javier Lagunas

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A pesar de haber figurado en las altas esferas federales, siempre lo hizo en mandos medios como eficiente ejecutor de órdenes, nunca diseñador de las mismas. A lo más alto que llegó fue a viceministro; sin embargo, el sueño era gobernar su provincia natal por más que la mayor parte de su vida la pasó en la capital del país.

En una ocasión, Artemio Noble estuvo a punto de lograrlo, pero la decisión de quien sería su antecesor, el entonces gobernador Rodolfo Meneses lo dejó en el camino a pesar de tratarse de su amigo; la razón siempre se dijo, la cónyuge habló de más. Enojado y decepcionado, cambió de estandarte refugiándose en el Parlamento nacional como ferviente defensor de la democracia, luego de que el “dedo divino” no le favoreció.

Por azares del destino que son los mismos de la política, encontró la sombra e impulso de Antonio Miguel Lobo Ortega,
quien lo llevó a cumplir el anhelo de ocupar el Palacio gubernamental de su provincia.

Ya instalado, se alió con el enemigo de quien lo protegió, traicionando así a quien debía la gubernatura; pragmático y sin ideología firme o clara, Artemio Noble, prefirió mantener abiertas las arcas del soberano nacional antes que verse limitado de dineros. Las cosas parecieron funcionar al inicio de su mandato, pero la ilusión de los “súbditos” duró muy poco, todo comenzó cuando removió a su tesorero sustituyéndolo por el recomendado de su cónyuge.

Antes de su llegada, las finanzas eran ordenadas y hasta sanas, pero días después del relevo, Amado Raña Troyano, nuevo dueño de los tesoros, mandó todo a la basura pues, siguiendo instrucciones de terceros ajenos al gobernador, repartió dádivas en forma de contratos a pocos consentidos de la pareja gobernante o de parte de ella. A la cónyuge de Artemio Noble se le invistió de poderes formales e informales para disponer el nombramiento o remoción de ministros locales, asignar obras y servicios e incluso, en el colmo de lo grotesco, aparecer, viniera o no al caso, en actitud protagónica en cuanto acto público desease al lado del gobernador, hecho que generaba, de manera soterrada, la burla de grandes segmentos de la
población y el propio equipo del mandatario.

Habrá más historias de Artemio en futuras colaboraciones.



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