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Crimen de Norma: noticia mundial


Luis Antonio Vidal

Ni 72 horas habían transcurrido del evento donde el gobierno presumió el deslumbrante brillo de 180 patrullas nuevas cuando en Huimanguillo surgió la noticia de trascendencia internacional: de cuatro balazos ejecutaron a la reportera Norma Sarabia en la puerta de su casa. Como si se tratara de una respuesta, reacción o demostración de poder al gobierno y al gremio periodístico, la delincuencia dio cuenta de la vida de Norma. La mañana del día del crimen, el Gobernador Adan Augusto había visitado Huimanguillo para machacar en la línea discursiva de esta semana, es decir, el combate a la delincuencia.

Fresco todavía giraba en el aire, cual espiral de esperanza, la arenga del pasado lunes en Villahermosa: "Ganaremos la batalla a la inseguridad".

Pero mientras llega la ansiada victoria de los buenos sobre los malos, siguen cayendo soldados al servicio de la información. Quizá hasta ahora poco se le pueda reprochar a don Adán en la búsqueda del edén perdido, pues dispuso la designación de un fiscal com mano dura como Jaime Lastra y recién nombró a un nuevo secretario de Seguridad curtido en la talacha como Ángel Mario Balcázar, cuyas piernas aún se andan acomodando en el escritorio del depuesto Jorge Aguirre.

Nada, sin embargo, ha detenido la ola de inseguridad en Tabasco, hoy convertido en centro de la nota internacional con el asesinato de Sarabia, primera mujer periodista ejecutada en esta entidad, y cuyo crimen se suma a los ocurridos en febrero con Chuchín Ramos (abatido en el centro de Emiliano Zapata) y el año pasado con Juan Carlos Huerta en Villahermosa.

Al parecer a los poderosos poco les importan estos asesinatos. Van y vienen los escándalos sin mayor acción ni reacción. Indolencia y apatía gobiernan como si se trata de ciudadanos de tercera y no de quienes arriesgan sus vidas por informar a la sociedad.

Les vale un cacahuate todo cuánto ocurra a quienes ejercemos este oficio.



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