TELÉFONO ROJO

La Guardia Nacional y las reservas del Ejército y la Marina


José Ureña

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Tienen razón. En las alturas de las secretarías de la Defensa Nacional y de Marina todavía no encuentran un mecanismo de convivencia sobre el futuro predestinado.
 
Un riesgo, para quien tenga conciencia del futuro.
 
Demos los antecedentes: La Policía Federal (PF, para efectos de uniforme) tiene muchos antecedentes.
 
Comenzó en 1998 con Ernesto Zedillo como presidente y Omar Fayad como director general en calidad de Policía Federal Preventiva (PFP).
 
Fue nutrida con militares en paso directo y Fayad no estuvo de acuerdo con la habilitación instantánea, por lo cual decidió renunciar.
 
Lo consolaron con la Dirección General de Aduanas.
 
Después dejaron a las Fuerzas Armadas de lado, pero aquella PFP evolucionó entre sexenios panistas y priístas, con Secretaría de por medio, hasta la de Felipe Calderón y luego con Enrique Peña.
 
Hoy entra al reciclaje.
 
¿POLICÍAS ENTRE MILITARES?
La solución a la inseguridad, se nos dice ahora, es la Guardia Nacional.
 
Integrada con militares y marinos.
 
Las urgencias obligan a actuar de inmediato sin la preparación adecuada, como prueban Minatitlán tras la masacre, hasta la presión de Donald Trump para frenar migrantes.
 
Pero hay un problema:
El Ejército y la Marina pidieron no mezclar a sus elementos con los policías federales para evitar muchas cosas: los malos vicios, la falta de identidad y sobre todo la corrupción. 
 
Piden operativos, zonas y funciones separadas.
 
Lo pidieron el general Salvador Cienfuegos y el almirante Vidal Soberón, y seguramente lo esperan el divisionario Luis Crescencio Sandoval y el almirante José Rafael Ojeda.
 
Pero las urgencias llevan a operativos sin definiciones, y corresponderá amalgamar al secretario de Seguridad Pública y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo Montaño.
 
Eso o correr el riesgo de contaminar una institución naciente como última expectativa de seguridad para este país.
 
Donald Trump no nos da margen de espera porque en 45 días el país estará en evaluación, sujeto al capricho o decisión personal del magnate inmobiliario.
 


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