TELÉFONO ROJO

La justicia en campaña


José Ureña

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El diseño fue perfecto: Destapar la persecución contra Emilio Lozoya, el empresario Alonso Lozoya y las investigaciones sobre Pedro Joaquín Coldwell en víspera electoral.

Por fin se avizoraría un castigo, los primeros, contra quienes en el sexenio pasado corrompieron toda la vida nacional y dejaron un país de injusticias.

Tuvo efectos en los resultados de las votaciones, pero no los deseados.

Ni el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) se enseñoreó ni desaparecieron el resto de los partidos políticos, expresión de la antidemocracia.

Por el contrario, en especial los candidatos y militantes del Partido Acción Nacional (PAN) enseñaron su rostro en varios lugares del país.

Aguascalientes, Durango, Tamaulipas… Solos o en alianzas de facto como en Aguascalientes, donde el Partido Revolucionario Institucional (PRI) se sumó a los panistas, frenaron el avance del partido gobernante.

El panismo no desapareció siquiera en el sur de Quintana Roo, donde el objetivo era arrasar en el área de influencia de la familia Joaquín Coldwell.

Los abanderados de Morena fueron derrotados en Playa del Carmen y Cozumel, asiento del imperio de la familia del ex secretario de Energía hoy perseguido.

Si no hubo juego limpio del partido en el gobierno, tampoco de la oposición.

Salvo Baja California, donde Francisco Vega es rechazado por la mayoría de la población, los gobernadores donde hubo elecciones supieron maniobrar.

Lo hizo Francisco García Cabeza de Vaca con alianzas de todo signo en Tamaulipas, gracias a lo cual tendrá un Poder Legislativo confiable para la segunda mitad de su gobierno.

Lo mismo Carlos Joaquín en Quintana Roo, quien impulsó candidatos inclusive de Morena pero simpatizantes de su proyecto.

Y no se diga José Rosas Aispuro, el duranguense con raíces priístas pero capaz de apaciguar la ola generada hace un año por Andrés Manuel López Obrador.

Sus entendimientos con fuerzas opositoras en general o diputados y alcaldes electos en particular, les garantiza gobernabilidad.

Pero también anuncia a López Obrador el enfriamiento de un ánimo, o el inicio de un desánimo por insatisfacción en las expectativas creadas hace un año.



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