CASCARA AMARGA

El Tiempo


Laureano Naranjo Cobian

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Todos sentimos alguna vez el implacable paso del tiempo. ¿Amigo o enemigo? El tiempo se siente pero no se ve.
 
A través de la historia, destacados pensadores han querido dilucidar qué cosa es el tiempo, de qué está hecho, cómo pasa sin que nadie lo pueda ver. En la no tan remota antigüedad, los pueblos tenían sus calendarios solares y lunares para medir con precisión el tiempo. Los Olmecas, los Teotihuacanos, los Mayas, los Nahoas o Aztecas. Todos preocupados por el constante transcurrir del inasible tiempo. Todo, en el entendido de que el mismo tiempo que pasa no desaparece si no que, queda en el pasado, que en un círculo invisible, se encuentra cerca del futuro. Además, sin olvidar que existe un tiempo mental, un tiempo físico y un tiempo cronológico.
 
10 MESES
En la antigua Roma (antes de la Roma imperial) existía el Calendario Romano que sólo tenía diez meses y que fue sustituido por el Calendario Juliano, establecido por el intrépido Julio César durando más de mil quinientos años hasta que, el Papa Gregorio XIII, decidió en 1582, sustituirlo por el llamado Calendario Gregoriano (con el propósito de ajustar el tiempo y quitándole de un plumazo diez días a ese año, al pasar del cuatro de octubre al catorce de octubre) que poco a poco se fue imponiendo y que es el que actualmente nos rige. Y es que el tiempo es fundamental para la existencia. A su paso todo va envejeciendo y tendiendo a desaparecer.
 
'SABIA VIRTUD'
Envejecen las casas, los automóviles, los libros, los electrodomésticos, los animales, los árboles, los alimentos, las religiones, los inventos, las piedras, los ríos, las formas de gobierno y, por supuesto, los llamados seres humanos. Y como dijo sabiamente Don Renato Leduc en su célebre soneto: “Sabia virtud de conocer el tiempo, a tiempo amar y desatarse a tiempo…”


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