EL TABASQUEÑO

Adoración por los hombres del poder


Héctor Tapia

• Tabasco, incubadora de pequeños ‘mesías tropicales’
• La biblia, los evangelios y los políticos

 

Tabasco ha resentido históri­camente una marginalidad espiritual, como bien lo señala Enrique Krauze en su ensayo ‘El Mesías tropical’. Aislados desde la llegada de los españoles a nuevas tierras hasta la cons­trucción del tren y las carreteras a mitad del siglo XX, en el estado prosperó una cultura antirreligiosa, la cual encendió la idolatría por los hombres del poder: Múgica, Garrido, MadrazoObrador.

Esa misma idolatría es la que hizo creer a los tabasqueños que Arturo Núñez estaba desti­nado para gobernar, que era el hombre con los derechos y las capacidades, visto con cierta adoración por las posiciones que ocupó a nivel nacional y por la alta cultura que demostraba.

Idealizar a los políticos, verlos como seres poseídos de dones, capaces de materializar las necesidades que los ruegos a los santos no cum­plen, al menos no en lo inmediato, fue y sigue siendo reforzado en el estado con un asistencia­lismo social ‘milagroso’.

Eso me recuerda aquel pasaje que atribuyen a Fidel Castro, en el que según cuentan, el co­mandante realizaba esta actividad cada vez que llegaba a una escuela en Cuba:

—¡A ver niños!, pídanle una paleta a Dios.

-Dioos queremos una paleta -respondían los niños en coro.

—¿Dónde está la paleta, se las trajo?

-Nooo… -gritaron los estudiantes.

—Aaah, a ver, ahora pídanle una paleta a Fidel

-Fidel, queremos una paletaaa… -Y entonces llegaban las paletas para todos.

Lo que la Iglesia promete a través de un mi­lagro, el político está dispuesto a darlo a cambio de esa idolatría que le da el ‘arrastre’, el amor del pueblo, la popularidad, los votos…

Cien años después, Tabasco sigue incubando pequeños ‘mesías tropicales’ que confunden su obsesión por el poder y se sienten predestina­dos a gobernar por voluntad de Jehová.

Hay que recordar al propio Granier, que en campaña, sintiéndose iluminado, reveló en un mitin que había hablado con Dios. “¡Él [Dios] ya me dijo que sí [seré gobernador]!… Sólo faltan ustedes que vayan a dejar el voto (…) Yo me pon­go en manos del Señor, lo que Él diga será”.

Lo que seguramente no le dijo el Señor al Químico, es que más tarde lo hundiría y saquearía económicamente, de tal manera que el estado aún no se recupera. Y que, además él pararía en la cárcel.

Otro peligroso ‘iluminado’ es Evaristo Her­nández Cruz, un hombre que ha sido acogido por el catolicismo y que en cada oportunidad se fotografía con el obispo, buscando atraer esa vieja adoración del pueblo por los políticos destinados a gobernar, cuando en realidad no es más que otro ordinario y corrupto, dispuesto a usar incluso a la religión para mantener viva su ambición de llegar a una gubernatura.

Si tanto han idealizado los tabasqueños a los políticos, bueno sería verlos transitar por el Gólgota, sacrificándose a cambio de la reden­ción del pueblo. Hasta ahora el máximo sacri­ficio que he visto de ellos es caminar intensa­mente buscando el voto, para una vez llegado al puesto, no volver al sacrificio jamás… O bueno, sí, pero hasta la próxima elección.

 


 

Reflexiono en vísperas de la Semana Santa, y busco en la Biblia algún pasaje que pudiera servir de ejemplo y advertencia para aquel fun­cionario de gobierno que, abusando de su poder, esté golpeando a otros, creyendo que el Señor no lo ve, y encuentro en el Evangelio según San Mateo, el capítulo 24, 45-51:

“¿Quién es el siervo fiel y prudente, al cual su señor deja encargado de los de su casa para que los alimente a su tiempo? Bien por el siervo que, cuando su señor venga, lo encuentre haciendo así. De cierto les digo que lo pondrá a cargo de todos sus bienes. Pero si aquel siervo malo dice en su corazón: ‘Mi señor tarda en venir’, y co­mienza a golpear a sus consiervos, y aún a comer y a beber con los borrachos, el señor de aquel siervo vendrá en el día menos pensado, y a una hora que nadie sabe, y lo castigará duramente, y le hará correr la misma suerte de los hipócritas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes”.

El gobernador ha dicho que todos sus secre­tarios están en permanente evaluación, nadie debe subirse al ladrillo, ni provocar divisiones, ni golpear a otros consiervos, porque aún no ha pasado pero puede pasar que el amo llegue y parta por la mitad a ese sirviente infiel.

Otra lectura que bien puede ser usada para advertir al gabinete de la importancia de ser productivos y cumplir con sus encomiendas, está también en el Evangelio San Mateo, capítulo 25:

“Porque el reino de los cielos es como un hombre que, partiendo lejos, llamó a sus siervos y les encomendó sus bienes. Y a uno dio cin­co talentos, y al otro dos, y al otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos. Y el que había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco talentos.

Asimismo, el que había recibido dos, ganó también otros dos. Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor. Y después de mucho tiempo, volvió el señor de aquellos siervos e hizo cuentas con ellos.

Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me encomendaste; he aquí, he ganado otros cinco talentos sobre ellos. Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. Y llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me encomendaste; he aquí, he ganado otros dos talentos sobre ellos. Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.

Y llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; y tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo.

Y respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré y que recojo donde no esparcí; por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros y, al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con intereses.

Quitadle, pues, el talento y dadlo al que tiene diez talentos. Porque al que tiene, le será dado y tendrá más; y al que no tiene, aún lo que tiene le será quitado. Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el llanto y el crujir de dientes.

Así que, ¡cuidado de lo que hacen con sus talentos, señores secretarios!, no vaya a pasar que, en vez de cuatro, entreguen uno... O, en una de esas, al final del sexenio, ¡ninguno!

 

 

 

UN ADAGIO:
“Perdonar es ver con ojos nuevos, es como regresar una nueva mirada”. /ANÓNIMO


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