VECTOR X

Amet, un hombre poderoso


Luis Antonio Vidal

ERA EL HOMBRE DE TODAS LAS CONFIANZAS DEL MANDATARIO EN EL MANEJO DEL DINERO.
 
Ayer se conoció la noticia: el ex secretario de Finanzas en el gobierno de Arturo Núñez, Amet Ramos, falleció por la mañana a causa de un infarto.
 
Durante 6 años, Ramos ejerció impresionante poder en el gobierno, enorme influencia sobre el entonces gobernador por el parentesco que le unía a su esposa, Marta Lilia.
 
No inició el sexenio como secretario de Finanzas porque sencillamente desconocía la dependencia, el know how para administrar el erario. En todos los cargos políticos de Núñez, Amet siempre estuvo cerca manejando el dinero, como en el Infonavit, Cámara de Diputados, IFE y demás. Desde la Secretaría Técnica, su primer puesto en el sexenio nuñista, ejerció poder, mucho poder.
 
Ya se comentó en este espacio hace algunos meses que cuando algún funcionario le preguntaba a Núñez con quién dirigirse para resolver problemas de presupuesto, respondía: “Te voy a presentar la llave que resuelve todo”. Se refería a Amet, quien llevó como escudero a Bertín Miranda, amigo de la familia y en especial de Nestor Núñez.
 
En Finanzas, Ramos concentró todo el poder presupuestal. Funcionarios estatales debían hacer antesala durante horas para exponerle sus necesidades y salían, siempre, con las manos vacías y regañados.
 
Lo calificaban como prepotente y soberbio. Intratable. “A varios servidores públicos de rango menor hasta los corría de sus oficinas”, comenta fuente a quien ésto escribe.
 
Antes de las elecciones del 2018, sonó el nombre de Amet como prospecto para una diputación federal plurinominal por el PRD.
 
Desde esa posición defendería a sus jefes y salvaría su propio pellejo. 
 
De última hora, Núñez le ordenó quedarse en Finanzas para arreglar sus cuentas y terminar el sexenio. Su deceso, ocurrido ayer, abre muchas interrogantes en torno a la rendición de cuentas y aplicación de la justicia a la pasada administración estatal.
 
Con eso que el gobierno anterior se mofó de todos, hay quienes aún no terminan de creer su muerte.
 


Columnas anteriores