INVITADO

Ejército de Haftar a las puertas de Trípoli


Mouris Salloum George

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Se vale terciar: Nos mantenemos en Libia, territorio al que ingresamos editorialmente hace tres entregas: En estas horas, el Consejo de Seguridad de la ONU está reunido a puerta cerrada, tratando de escapar del callejón sin salida en el país norafricano, en el que se metió desde el derrocamiento y asesinato de Muammar Al-Gadafi en 2011.
 
Los partes de guerra coinciden en que el Ejército Nacional Libio, comandado por el mariscal Jalifa Belqasim Haftar, se encuentra ya a unas cuantas millas de la capital libia, Trípoli.
 
La gran pregunta que nadie parece poder contestar es: ¿Quién financia al mariscal Haftar, cuyos contingentes operan como un ejército regular, con sus propias flotas?
 
Hace apenas unos días, la ex presidenta de Chile, Michelle Bachelet, en su carácter de Alta Comisionada de la ONU para Derechos Humanos, estuvo en México.
 
Se dijo conmocionada por el grado de violencia que observó en nuestro país, sólo comparable, dijo, con la que desencadenó en el país austral el golpista Augusto Pinochet.
 
Apenas retornó a Nueva York, la doctora Bachelet volvió horrorizada sus ojos a Libia, temiendo por la profundización de la crisis humanitaria a causa de la guerra. No le falta razón: Los bombardeos desde uno y otro lado del combate no discriminan a la población civil.
 
Ese es el desafío, consustancial al reto de la pacificación, que en estas horas convoca al Consejo de Seguridad de la ONU, cuyo secretario general, António Guterres, visitó el teatro de guerra libio y regresó a la sede neoyorkina con un ánimo peor que antes de su partida.
 
No estorba recordar que esta saga la iniciamos recordando el asesinato de Al-Gadafi en 2011 a causa de que, contra la voluntad de los amos mundiales de la usura, pretendió implantar una moneda única con base en el patrón oro. No más dólares.
 
Éramos muchos, y parió la abuela…
 
Si de hacer memoria se trata, va el ejercicio: En 1973 se produjo la gran crisis de los precios petroleros, detonada por los países productores y exportadores de crudo, con Arabia Saudita a la cabeza.
 
Casual y causalmente, en 1973 estalló la Guerra de Yom Kippur. Desde entonces, el factor disruptivo en aquella región, con repercusiones mundiales, ha sido Israel.
 
Durante cuatro períodos, el gobierno israelí ha estado en manos de Benjamín Netanyahu.
 
En estas horas, la expectación gira sobre aquel país: Se han dado las elecciones legislativas. El partido de Netanyahu (Likud) juega en los resultados de las encuestas una parejera con la Coalición Azul Blanco, que postuló al centrista Benny Gantz.
 
Dicho sólo para ilustrar optimismo
 
Lo señalamos sólo para advertir que Israel está ocupado ahora en su pugna político-electoral doméstica. Veremos cuando el árbitro electoral dicte el desenlace al proceso.
 
Israel está a 969 millas náuticas de Libia. Una distancia similar de la Ciudad de México a Mazatlán, Sinaloa. Nomás decimos que Israel se ha negado sistemáticamente a reconocer el Estado Palestino y ha sido agente de conflicto en las llamadas revolución de los claveles (Túnez) y primaveras árabes, que se inauguraron en Egipto.
 
El Consejo de Seguridad de la ONU está reunido por el asunto de Libia. Para el caso que les hace Israel a las resoluciones de la ONU. Dicho sólo para ilustrar nuestro optimismo.

 



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