TELÉFONO ROJO

Frenó el negocio más productivo


José Ureña

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Es sabido: El empresario Alfonso Romo teje para que otras áreas de gobierno destejan.

Luego debe volver a tejer lo que otras áreas de gobierno destejieron.

Y así se la lleva en esa interminable tarea de Sísifo.

El personaje de la mitología griega lo hacía con una enorme piedra en su castigo cerril, pero el regiomontano agroindustrial debe hacerlo de manera cotidiana mientras llegan las malas noticias o las malas decisiones. Su público regular son miembros connotados del sector privado. Mexicanos, de origen estadunidense, árabe, israelí o europeo: su trabajo es universal, y su obligación es transmitir un mensaje de tranquilidad para impulsar la inversión y dinamizar la economía.

Estos se disputan la presencia del jefe de la Oficina de la Presidencia de la República, bien sea a título personal, de manera orgánica, o como representantes de gobiernos extranjeros. Suyos son los buenos ánimos de Andrés Manuel López Obrador cuando anuncia un crecimiento mayor –dos por ciento en 2019- al pronosticado por el Banco de México o la SHCP.

EL MAYOR NEGOCIO EN DECENIOS

Pero a veces disiente de su jefe. Va una historia:

En enero, Alfonso Romo se reunió con un destacado grupo de empresarios extranjeros.

Uno de los presentes, dirigente de una cámara comercial binacional, le abordó un tema preocupante para la iniciativa privada como para gobiernos extranjeros y sobre todo líneas aéreas.

Quiso saber por qué se canceló el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, y cuál era su opinión personal.

-Creo que el Presidente se equivocó…

Los asistentes contuvieron el aliento.

El empresario regiomontano los tranquilizó con otras explicaciones. Por ejemplo, la corrupción con la cual se hicieron los contratos, disfrazados de concursos, para favorecer a trasnacionales y constructoras mexicanas con graves repercusiones en el erario.

Pero hay algo más, apuntó. Funcionarios del anterior régimen –el PRI, dijo de manera genérica- se disponían a hacer uno de los negocios más redituables en decenios. -Compraron terrenos a diez pesos y los iban a vender a 500 dólares el metro –dijo para ilustrar el monto de las fortunas. No satisfizo a los presentes y por eso surgió una pregunta más sensata:

-¿Por qué no mejor se expropiaron esos terrenos?

Así habría un aeropuerto funcional, moderno, en lugar de tres de proyección dudosa y también muy costosa. Es como vender cachitos de lotería y el transporte no es una lotería –me comentó uno de los asistentes.



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