INVITADO

Qué buena evangelizada nos han dado


Mouris Salloum George

Su nombre secular es breve: Juan Carlos Alfonso Víctor María de Borbón y Borbón-Dos Sicilias. Nació en Roma, Italia. Nápoles había sido sede de la casa real de los Borbones españoles. La barrió Giuseppe Garibaldi con sus mil camisas rojas en 1860.

(Si volvemos a leer a Giussepe Tomasi Lampedusa, recordaremos una frase retomada libremente. Gatopardo: Que todo cambie, para que todo siga igual. Pero esa es otra historia.) El asunto es que Juan Carlos fue pupilo del dictador Francisco Franco. Antes de su muerte, éste lo proclamó Rey de España. Sólo fue reconocido hasta que se promulgó la nueva Constitución española en diciembre de 1978.

Es del dominio público que Juan Carlos tuvo su banquero personal: Juan Valls Taberner. Don Juan fue el número 1 del Banco Popular. Los republicanos lo recuerdan porque fue uña y mugre del fundador del Opus Dei, el demente Josemaría Escrivá de Balaguer, asesor espiritual de El generalísimo.

Apenas unas líneas de contexto para abordar esta entrega con una pregunta de párvulos: Cuando falla la eficacia de los oficios diplomáticos, ¿a qué recursos acuden los jefes de Estado o de gobierno para arrancar a gobiernos extranjeros algunas concesiones que favorezcan a sus metrópolis? Gobiernos de América, verbigracia.

Actualizamos: En el pasado período de transición presidencial abortó una operación por la cual funcionarios de Petróleos Mexicanos pretendieron colocar, en ganga, un paquete accionario rebajado en su valor en casi 60 por ciento.

Se trata de la participación de Pemex en un acuerdo de asociación con la naviera de Vigo y Navantia, España, Astilleros Hijos de J. Barrera.

A final de cuentas, ¿qué queda de esos escandalizados casos? Que se sepa hasta ahora, todos los personajes mexicanos embarrados mediáticamente en las indagatorias gozan de cabal salud. ¿Y la justicia española? Bien gracias, trátese de Juan Carlos o Felipe VI; del Partido Popular o del PSOE. Y los hijos de la Madre Patria, agregando desde México dígitos a sus balances financieros. ¡Qué buena evangelizada nos han dado!



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