INVITADO

Imperativo categórico


Mouris Salloum George

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CONTRA EL MURO DE LA IGNOMINIA, LA MURALLA DE LA DIGNIDAD.
 
No es una disyuntiva: Es un imperativo categórico cuando el gorila anaranjado que despacha en la Casa Blanca hace sonar los tambores de guerra, no contra un gobierno en específico -el de Venezuela-, sino contra todos los pueblos latinoamericanos.
 
El pasado 19 de febrero, Día del Ejército mexicano, el presidente Andrés Manuel López Obrador refrendó su confianza en las Fuerzas Armadas para la pacificación de México.
 
En su estilo coloquial, el mandatario conminó a los soldados: “Los necesitamos para serenar el país”.
 
Pecaríamos de ingenuos si creyésemos que basta por sí sólo el ejercicio diplomático, cuando Washington sigue siendo fiel a su espejo diario, tratando de imponer al mundo la sinrazón de la fuerza.
 
En ese peliagudo y peligroso asunto está involucrado México, pues tiene que ver con el muro fronterizo.
 
No es una cuestión de poca monta: En el centro de gravedad del debate legislativo en Washington está el alcance de las órdenes ejecutivas del presidente norteamericano, cuya naturaleza ha sido distorsionada por la libre por el que despacha en el Salón Oval.
 
El presidente López Obrador navega con el viento a su favor.
 
A resultas de un eficaz trabajo de operación política, el Senado mexicano acaba de aprobar por unanimidad de los legisladores presentes la reforma constitucional para instituir y poner en operación la Guardia Nacional.
 
La minuta fue devuelta a la Cámara de Diputados, donde haría falta una veintena de votos de la oposición para lograr la mayoría calificada que, de lograrse, permitirá el curso del proyecto a los estados, donde se requieren 17 de 32 votos de las legislaturas locales para hacer la declaración respectiva de la reforma.
 
Previamente, la mayoría de los gobernadores, guiados por su Conferencia Nacional, había dado el fíat a la Guardia Nacional, si bien condicionada en el dictamen senatorial a un mando civil y el retorno de los soldados a sus cuarteles en un término de cinco años.
 
Como suelen decir los rancheros: Andando la carreta se acomodan las calabazas.
Vale.
 


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