Vientos Esotéricos

Ese absurdo ego


Gaby del Valle

¿Qué sucede cuando empiezas a ganar más que tu pareja? Sí, tú, la chica de esa relación. Si eres madura, te quedarás calladita (loca de contenta, eso sí), pero evitando que la mosca se te suba a la cabeza y que te sientas mucho más que él. Y es que debemos reconocer que a veces somos bastante subiditas cuando nos va mejor que al chico de tus sueños, cosa que el hombre maduro aceptará sin reparos y hasta con un suspiro de alivio, pero si es macho, también hará bastantes panchos secretos o abiertos (no importa, lo malo es la hostilidad, ¡oye!), en contra de tu superioridad monetaria.

Pero sucede que los hombres que ganan menos que sus parejas se sienten avergonzados, amenazados en su papel histórico de proveedores, piensan que han perdido una de las bases de la masculinidad. Dinero es igual a poder y respeto, esto se lee como autovalía. Ganar menos que su mujer es faltar como hombres, es ser menos, es valer menos, es perder la hombría, pues tiene asociado de manera negativa que se es en tanto se gana. Los hombres se creen del tamaño de su sueldo. En cambio para ellas el dinero no es símbolo de su feminidad. Más allá de jerarquías y competencias, ellas viven un anhelo democrático y cooperativo, y aunque los hombres se han creído mejor para manejar el dinero, son ellas las de mejores inversiones.

Cuando ellas ganan más, invierten en lo privado, en el bienestar del hogar; ellos quieren comprar estatus: un supercarro, el mejor computador. Para ellas, ganar más es ganar libertad e independencia, para ellos es perder su derecho legítimo de controlar, poseer y dominar.

¡Vaya que somos complicados los seres humanos! Sería tan simple aceptar que te va bien, por el bienestar de ambos, y que él lo tome sin que se lastime su ego. En equilibrio, con igualdad y como lo más natural, porque las cosas son así en la actualidad y debemos acostumbrarnos. ¡Hazlo por el amor!



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