TELÉFONO ROJO

Por ahora Romero Deschamps no


José Ureña

Las fichas son para jugarse en el momento preciso. Y Andrés Manuel López Obrador por ahora no necesita un golpe mediático tan fuerte para fortalecer su prestigio ante la sociedad mexicana.
 
Hoy los vientos en su contra no son de fronda, creen sus estrategas.
 
Conforme a sus encuestas, el gobierno ha logrado posicionar la lucha contra el robo de combustible como causa de Estado y cruzada contra la corrupción.
 
Hasta se permitió atacar a sus tres antecesores -Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto (el PRIAN, pues)- para fortalecer su imagen y su popularidad.
 
Hubo reacciones, claro, pero sin mucha trascendencia para menguar la confianza de sus fieles, quienes esperan -¡ya!- el reparto del erario.
 
El razonamiento es simple:
 
A Fox nadie le cree porque dilapidó su imagen tras sacar al PRI de Los Pinos sin beneficio ni gloria.
 
Calderón protestó sin eco, como la creación de su partido en bicefalia con Margarita Zavala.
 
Y Peña Nieto no habla, interesado en huir del fuego incendiario de su sucesor para no morir en la pira de las venganzas.
 
DIRIGENTE DISPUESTO AL RETIRO
 
Pero en fin, el tema es Carlos Romero Deschamps.
 
Al principio hubo un ataque inclemente en contra de su gremio, el STPRM, como parte de la corrupción de Pemex.
 
Eso se exhibirá más adelante en caso necesario.
 
Cuando se acabe el efecto de la lucha anti huachicol y la gente no repare, cosa distinta, en la (in) eficiencia del gobierno para abastecer combustible.
 
Entonces se verá si se emula a los ex presidentes del Priato, José López Portillo desterró a Luis Echeverría.
 
Miguel de la Madrid encarceló a Jorge Díaz Serrano, el principal amigo de López Portillo y a quien protegió con la inmunidad senatorial.
 
Carlos Salinas procesó de la peor manera a Joaquín Hernández Galicia, La Quina.
 
Ernesto Zedillo se vengó de Salinas a través de su hermano Raúl como presunto asesino de José Francisco Ruiz Massieu y otros delitos.
 
Y Enrique Peña detuvo hace seis años a Elba Esther Gordillo cuando quería imponer sus reformas, en especial la educativa.
 
Esa práctica no está descartada, pero no por ahora.
 
La circunstancia aconsejará cuándo y cómo.
 
Aunque, vaya la nota: Carlos Romero Deschamps está dispuesto a irse si se lo piden… como Juan Díaz de la Torre en el SNTE.
 


Columnas anteriores