¡AH, CARAY!

De Cárdenas y Pellicer


Ezequiel Luna Arias

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Qué bárbaro, ¡cómo se escurre el tiempo!; en un abrir y cerrar de ojos ya estamos a puntito de entrar a la fiesta de la carne, donde la raza pozolera le da vuelo a la hilacha; más ahora que la Morenaza llegó al poder y todos los Ayuntas quieren tirar la casa por la ventana.

-Qué tal, compadre Andrés, ya supe que estás en tu casa. Felicidades.

-Así es, compita Arturo. Si el amigo Adán lo permite, te tocaría relevarme.

Ayer se recordó el nacimiento de Carlos Pellicer Cámara; en unos días más, los cardenenses y cunduacanenses estaremos conmemorando un año luctuoso más del presbítero José Eduardo de Cárdenas y Romero, dos personajes que en la historia, en la vida y la poesía, guardan mucha similitud.

Aunque uno fue sacerdote y el otro poeta, en su momento no tan sólo fueron sensibles al dolor humano, sino que tomaron la causa en sus manos.

Los dos fueron legisladores, uno en las Cortes de Cádiz, España; Pellicer fue Senador de la República. La pasión por la poesía siempre estuvo presente en ellos, Pellicer dueño de una obra universal; José Eduardo, dejó testimonio vivo y certero de su poética.

Ninguno de los dos se casó ni procrearon hijos, pero eso no impidió para que de un modo desinteresado lucharan por lo que ellos creyeron justo.

El primero donó las tierras de su rancho Los Naranjos para ampliar la superficie del pueblo de San Antonio Río Seco, hoy la ciudad y municipio de Cárdenas lleva su nombre en gratitud; el otro entregó parte de su vida al rescate de la cultura Olmeca, diseñando y construyendo el Parque Museo La Venta, que hasta la fecha es uno de los sitios más visitados por propios y extraños.

Por eso y más cosas estos dos seres extraordinarios son recordados en Cárdenas, Tabasco y México. Aparte de llamarse el municipio como su apellido, José Eduardo está en calles y hasta en una colonia; en homenaje al poeta, la Casa de la Cultura lleva su nombre: Carlos Pellicer Cámara.



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