¡AH, CARAY!

Ni bañándolos con cuevol


Ezequiel Luna Arias

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Hace unos días, platiqué en Cárdenas con Tony Cuevas Naranjo, músico, petrolero jubilado, y con una vitalidad asombrosa: de casi 90 años aún realiza ejercicios en su gimnasio; fue fundador del conjunto musical Los Sonorámicos y la Sonora Tabasqueña, en los sesenta y setenta del siglo pasado; pero lo que más me sorprendió de Tony fue cuando me contó que allá por los años 40, surgió en la región una epidemia de sarna o comezón que no se quitaba con nada; entonces su padre, don Héctor Cuevas, hombre inquieto y curioso, inventó el jabón Cuevol, a base de aceite de coco, criolina y hiel de toro, mismo que fue un tiro para esa rasquiña; el jabón se hizo famoso que hasta tuvo que ser patentado en la capital del país, cuestión que ayudó mucho a la economía familiar.

Hace unos días, escuché un sermón de Arnaldo Cruz, basado en la historia de Naamán, aquel personaje bíblico, General del ejército de Siria, quien tenía poder, fama y dinero; pero poco le servió todo eso cuando se contagió de lepra, mal que en ese entonces era incurable y además el contagiado llegado un momento, tenía que ser sacado del pueblo.

Con el orgullo pisoteado, Naamán tuvo que aceptar la recomendación del profeta Eliseo, de sumergirse siete veces en el río Jordán, perteneciente a Israel, tierra enemiga. No le quedó de otra. En la séptima ocasión, salió limpio, gracias al poder de Jehová.

Observando la ola de corrupción que asola el país y más ahora que la vivimos en Pozolandia, primero con el caso Granier y ahora dobleteada con el nuñismo, nos damos cuenta que es una enfermedad social tan contagiosa y dañina como la sarna y la lepra; una pudrición difícil de curar. Ahí es donde vemos que la lucha contra la corrupción ideada por el Presi López Obrador, puede patinar y no dar los resultados que muchos esperan. Ora sí que ni bañándolos mil veces en las aguas del Grijalva, con jabón Cuevol, se les quita la maña.



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