¡AH, CARAY!

La desilusión en las calles


Ezequiel Luna Arias

Lecturas: 2021

Un problema emocional difícil de asimilar, es la frustración; la decepción de no haber recibido lo que se esperaba.

Por mucho que se repliquen objeciones, causas, lamentos, duele y encabrona tanto porque uno se ilusiona; crece la esperanza. Lo vemos seguido en las parejas de enamorados, en la que uno de ellos cifra sus esperanzas en el otro; porque lo ama. Pero de repente, el castillo se cae y la desilusión toca a la puerta acompañada de la frustración. El momento de la impotencia llega; la rabia se contiene porque el daño está hecho; no hay modo de volver atrás.

El infortunio pesa como una loza de mármol, frío en el espinazo. Pero de nuevo, en la mayoría de los casos, toca a la puerta otra ilusión, otra esperanza, otro volver a empezar; enterrar el rescoldo del viejo y volver a sonreír, no queda de otra.

Así ha pasado en la paisanada con los polacos. Primero en los municipios y ahora en todo Pozolandia, la rabia por la decepción está en las calles exigiendo cumplimiento a las promesas de un mejor destino. Recuerdo en Cárdenas, cuando en 1992 llegó el PRD como una negación al mal gobierno y corrupción que imperaba; poco duró la luna de miel, quizá unos cuantos años porque luego vino la frustración, la desesperanza; el abuso, el asalto en despoblado a las arcas municipales; y luego las mismas siglas negras y amarillas conquistaron el poder estatal y la tónica iniciada en los municipios se trasladó a la capital. Lo que tanto se criticó de los TRIculecos, fue rebasado con mucho y hoy nadie lo puede negar: En el pecado llevaron la penitencia, porque ahora ese partido, engusanado, llagado, enfermo, prácticamente desahuciado, es difícil e imposible sea atendido con éxito en algún hospital de Villahermosa, a pesar de los ruegos y recomendaciones de la señora Martha Lilia López de Núñez.

No es tanto cómo llegas; sino en medio de qué escándalo te vas. Parafraseando a lord Arthur, se podría concluir: Ya no hay en Pozolandia tela de dónde cortar, ni lana, ni paciencia, ni…



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