EL TABASQUEÑO

Salud, mafias de batas blancas


Héctor Tapia

No se vale que una institución pública tan noble como la Secretaría de Salud que tiene como objetivo prevenir y atender las dolencias de aproximadamente 1 millón 650 mil tabasqueños (según el último padrón del Seguro Popular que vi), esté convertida en una cueva de ladrones.
Una institución en la que aunque todos visten de blanco, operan demasiadas mafias: Funcionarios deshonestos, líderes sindicales abusivos, sociedades médicas pícaras, trabajadores rateros. Una vergüenza para una organización con gran magnitud social.


Desde luego que no me refiero a todos los que conforman a la Secretaría. No dudo que en ella participa gente que ama lo que hace, que tiene vocación humanitaria y de servicio, yo hablo de quienes a través de los últimos tres sexenios han convertido a la institución en lo que hoy es: un botín político en tiempos de elecciones y botín económico cuando se es gobierno.


Hablo, por ejemplo, de gente como el ex secretario de Salud, Luis Felipe Graham, quien —como es público— manejó esa Secretaría impulsado por sus aspiraciones políticas y entregó de más a los sindicatos sin medir las consecuencias presupuestales a futuro, creyendo ingenuamente que eso le traería votos.


Una Secretaría que a través de los años ha tenido una acumulación de burocracia de tal magnitud, que hoy la integran 27 mil empleados, y peor aún: un 95 por ciento de ellos sindicalizados.


Hablamos de 27 mil burócratas de la salud que son regenteados por ¡seis sindicatos! voraces que como pirañas intentan tragar la mayor cantidad posible del presupuesto, más allá de los acuerdos contractuales.


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Un ejemplo de lo que escribo es el actual conflicto que mantiene sin servicio a los tabasqueños más vulnerables, a aquellos que no cuentan con servicios de salud complementarios (IMSS, ISSSTE, etc.), y mucho menos privados.


Tres de los seis sindicatos (SITSSAET, SNTSA y SUTSET) realizan un paro de “brazos caídos” por un adeudo de 50 millones de pesos correspondientes al pago de uniformes y zapatos, única y verdadera razón del conflicto.


Como un disfraz para darle un sentido social a la protesta han anexado otras carencias y necesidades que, aunque son reales y graves, como la falta de insumos y equipos médicos, realmente no les interesan y siempre han callado de manera cómplice mientras sus pagos no fallen.
¿Qué sucede con los uniformes? El curioso contrato colectivo que se firmó con el pasar de los años con estos sindicatos contempla que la Secretaría de Salud adquiera la tela para la confección de los uniformes. ¡Ah!, pero no puede ser cualquier tela. Los sindicatos han impuesto que sea Tergal Español, una tela cara y considerada premium, pues está elaborada en 100 por ciento poliéster.


Para elegir la tela los seis sindicatos deben ponerse de acuerdo en qué tipo de blanco escogerán (hay al menos diez diferentes) para que posteriormente la Secretaría de Salud haga la compra y entrega de los metros de tela a cada trabajador, ya que no es la institución la que ordena la maquila de los uniformes.


Ahí viene el negocio: el acuerdo laboral obliga a que con dinero de nuestros impuestos cada trabajador reciba 3,500 pesos por uniforme (son 27 mil) y que sean ellos mismos quienes manden a elaborar sus atuendos, sin tener certeza real de qué hacen con los recursos.


Lo mismo ocurre con los 40 mil pares de zapatos que se les compran de una marca y característica especial, y así también con las 40 mil mochilas que se les han de surtir, con los aguinaldos de 80 días, los gastos de camino y una lista gigantesca de prestaciones que consumen los recursos que deberían destinarse a los servicios y equipamientos médicos.


En pocas palabras, el sindicalismo se ha devorado a la Secretaría de Salud y el propio Gobierno es el culpable y cómplice de que esto suceda.


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Cuando digo que la Secretaría de Salud está convertida en una cueva de ladrones, no exagero. Mire usted, no sólo los sindicatos arborecen bajo el robo de dinero público, existen registros de que al menos 500 médicos cobran en la nómina sin dar golpe, es decir son aviadores; otros más, tienen años “comisionados” cobrando mientras despachan cómodamente en sus consultorios particulares.


¿Y qué decir de los médicos que utilizan los quirófanos de los hospitales públicos para operar a sus pacientes particulares y les cobran entre 30 y 50 mil pesos, ahorrándoles el gasto de clínicas privadas, pero con cargo a los impuestos de todos?


También las sociedades médicas de los hospitales públicos están contaminadas, convertidas en grupos de poder que intentan desestabilizar a la institución de acuerdo a sus intereses, buscando imponer (si los dejan) a directores en nosocomios y hasta la cabeza en la propia Secretaría, en una especie de autogobierno.


Hay también testimonios de cómo los propios empleados roban medicamentos especializados que luego revenden en farmacias o incluso a los mismos pacientes al interior de las instituciones públicas, sin el menor pudor ni compasión por quienes acuden ante ellos intentando recuperarse de una enfermedad o de plano, de salvar la vida.

 

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Algo bueno dentro de todo lo malo es que Tabasco a lo largo de los años ha logrado hacerse de una importante infraestructura de salud, es decir contamos con un robusto sistema que bien administrado puede sin problemas dar servicio a su población.


Como pocos estados, Tabasco cuenta con cinco hospitales de especialidades médicas, 10 hospitales generales, ocho en comunidades, 508 centros de salud (hasta el último reporte al que tuve acceso), 28 unidades de apoyo y 67 caravanas de la salud, que son una especie de clínicas móviles que recorren comunidades alejadas del estado llevando diversos servicios.


El gran problema que presenta esta institución es que históricamente ha sido mal administrada. A la cabeza de ella han estado médicos que suelen ser expertos en su campo de especialidad, pero sin la capacidad de guiar un monstruo tan complejo en su operación.


El nuevo gobierno de Adán Augusto López Hernández tiene como reto colocar al frente de Salud a una persona de alto nivel, un experto en administración, alguien que componga el desorden administrativo que impera, gente muy seria, gente nueva, preparada.


Tendrá también que desarrollar una estrategia que permita ahorros, que enderece el gasto, que coloque candados eficaces que impidan el tráfico de contratos, las asignaciones directas, la compra de medicamentos a sobreprecios, la colocación de proveedores a modo y todo eso que tanto daño le hace a esta noble institución.


Hay que recordar que actualmente el 85 por ciento de los más de siete mil millones de pesos que ejerce Salud al año se van en el pago de salarios y gasto corriente, lo que deja únicamente libres 15 por ciento para el desarrollo e implementación de programas y obras.


Está claro que el problema en Salud no se arregla con más dinero, se arregla con un manejo eficiente y honrado de los recursos, ¿tendrá Adán Augusto a la persona adecuada para este titánico esfuerzo?


¿Acaso Amador Izundegui Ordóñez tendrá la estatura para una responsabilidad así? ¿O podrá Humberto Azuara Forcelledo administrar al monstruo de las 27 mil cabezas? ¿Y qué pensar de José Manuel Cruz Castellanos, de quien dicen que es buena persona, pero que después de liderar la jurisdicción sanitaria en Centro se ha extraviado y desfilado por todos los partidos buscando ser político?


Hay que dignificar a la Secretaría de Salud, aunque para ello se tenga que limpiarla de tanto ladrón oportunista que se ha enquistado en ella, incluyendo a lidercillos sindicales.


UN ADAGIO: “Este no es un sistema de salud, sino de enfermedad, un sistema destruido”.



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