EL TABASQUEÑO

Urge diagnóstico de Tabasco… para no decepcionar


Héctor Tapia

Muchos años después, tras todas las calamidades vividas (siete inundaciones, 24 años de gobiernos federales adversos, malas decisiones y una crisis petrolera que casi mata a la economía) Tabasco parece a aquel pueblo que imaginó Gabriel García Márquez y al que bautizó como Macondo, ese mismo que después de un diluvio de cinco años, lucía "destrozado, podrido y arrasado".

Pero hoy ese pueblo da un giro en su trama y tiene en la cúspide del poder presidencial a su hijo pródigo, Andrés Manuel López Obrador, aquel que como el coronel Aurelio Buendía (de 100 Años de Soledad) encabezó mil rebeliones y todas las perdió menos una, la última, la más importante.

Tabasco, nuestro Macondo tropical, se encuentra en una situación inédita e irrepetible, y eso reviste para Adán Augusto López Hernández una doble complejidad, porque no le puede fallar al estado que gobernará en 122 días, todos están a la espera de la cuarta transformación que ofreció Morena.

Adán tendría que iniciar con un diagnóstico sencillo y creíble de la triste situación que vive Tabasco, para no decepcionar. ¿Se puede transformar en seis años un estado que ha sufrido tantas calamidades? ¿Cuáles son los problemas reales que su gobierno heredará? ¿Por dónde empezar cuando todo parece urgente? 

Reparar, conciliar y transformar. No la tiene fácil.


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La historia de Tabasco pareció ir mal a partir de aquel 1 de enero de 1995, cuando Roberto Madrazo decidió robarse la gubernatura del estado y rebelarse al gobierno de Ernesto Zedillo, primero para no ser "renunciado" y después en su afán de ser Presidente de México, lo cual dividió y terminó hundiendo la candidatura de Francisco Labastida, que significó la primera "muerte" del PRI.

Estos pleitos de Madrazo no se resintieron en su gobierno, había bonanza en la economía y la mala relación con la federación no pareció impactar tanto en obras y recursos para el estado, luego vinieron dos sexenios de panismo presidencial, siendo quizá el de Felipe Calderón el más dañino para esta tierra.

Hay que recordar que fue en su sexenio que privilegiando la generación de electricidad, mantuvieron las presas en escalas críticas y que ante lluvias "atípicas" decidieron inundar sin misericordia a 1.2 millones de tabasqueños, es decir 70 por ciento de la población del estado resultó afectada, la mayoría perdió todas sus pertenencias.

También a inicios del sexenio de Calderón (PAN) y Granier (PRI), Tabasco sufrió un duro golpe a sus ingresos vía participaciones fiscales, producto de una reforma a la Ley de Coordinación Fiscal de 2007, quitando recursos del pastel federal a Tabasco y metiéndolo en una espiral de crisis del cual no ha salido.

El cambio de la Ley de Coordinación Fiscal sorprendió a un gobierno local obeso, lleno de compromisos con sindicatos y con un gasto corriente desordenado, y con mucho menos dinero para mantenerse.

Pero aún la tragedia no paró ahí para el querido Tabasco, que en 1979 recibió y gozó la llegada del boom petrolero, amarrado con la crisis mundial del energético que disparó el precio del barril de 4 dólares a inicios de ese decenio a 38 a finales de él. Al principio, todos estaban contentos con Pemex, pero con el tiempo los pobladores empezaron a quejarse y a protestar cerrando pozos, denunciando daños y contaminación, naciendo así una industria de la reclamación que duró más de 20 años y que murió (o se durmió) cuando en junio de 2014 cayó la extracción de crudo por el derrumbe de las tarifas de petróleo que pasaron de 100 a 30 dólares por barril. Ante esta caída, Hacienda disminuyó sus ingresos y le recortó a Pemex los recursos destinados a la extracción de hidrocarburo, además de disminuir su plantilla laboral, la cual pasó de 155,538 obreros en 2013 a 127,376 petroleros el año pasado.

A este panorama se sumó la Reforma Energética impulsada por Enrique Peña Nieto (PRI) y respaldada por Arturo Núñez (PRD), la cual tuvo una mala planeación, pues no previó que se caerían los precios internacionales del petróleo y las compañías ganadoras de las rondas petroleras no se arriesgaron a invertir hasta que se regularizara el precio del hidrocarburo.

Resumo aquí tres sexenios de infortunios para Tabasco, que a su vez generaron graves problemas financieros, los cuales no han sido resueltos, están vivos y son los que heredará el próximo gobierno.
 

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Agarrar las riendas de un estado en crisis y cumplir promesas es sumamente difícil. El Gobierno que entregará Arturo Núñez tiene un déficit financiero, que procede en parte de todas las calamidades descritas líneas arriba, pero que también son resultado de un desorden administrativo y una grave falta de planeación.

Ni Granier, ni Núñez quisieron agarrar el toro por los cuernos y negociar con los sindicatos, poniendo un alto a las excesivas prestaciones y bonos que otorgan, tampoco iniciaron el adelgazamiento de la burocracia acelerando jubilaciones o recortando a innecesarios empleados de confianza, todo bajo el argumento de que esto recrudecería el desempleo. Este gobierno siguió gastando alejado de la austeridad, aún cuando las participaciones federales se cayeron y la crisis del petróleo golpeó con todo al estado. Año tras año se siguieron proyectando presupuestos estatales a la alza sin contar con la certeza de que esos recursos federales llegarían.

Cuando hubo abundancia no había problemas, pero hoy que faltan los recursos todo parece descomponerse: 150 patrullas de Seguridad Pública paradas porque al taller mecánico no se le ha pagado, 50 elementos de la Fiscalía cerraron oficinas por adeudos en sus certificaciones, hospitales donde los propios médicos exhiben falta de medicamentos y personal, amenaza de protestas de trabajadores en Salud y Educación, un pago de deuda a corto plazo con Interacciones por 400 millones de pesos que deberá ser cubierto el 28 de septiembre… Más lo que se acumule.

Como se puede apreciar Adán y Andrés Manuel tienen un problema grande, pues la expectativa es demasiado alta y la situación de Tabasco es compleja, me explican expertos, que por ejemplo ni siquiera revirtiendo a favor el acuerdo de coordinación fiscal Tabasco podría verse beneficiado debido a que la extracción y venta de hidrocarburo están por los suelos y eran los cálculos para entregar más dinero. Hoy las únicas alternativas para sacar al terruño de la recesión son: 1. Que Adán convoque a todos los liderazgos de Tabasco (sindicales, empresariales, agropecuarios, etc.) para conocer sus necesidades, apoyarlas y pactar con ellos para que lo ayuden a jalar parejo. 2. Esperar y aprovechar con proyectos las aportaciones federales y apoyos extraordinarios que la federación pueda entregar al estado para empujar su desarrollo.

Sólo espero que este pueblo tenga salvación en los próximos seis años y que no acabe como Macondo, el de la ficción: condenado, sin una segunda oportunidad, desaparecido de la memoria, la historia y la existencia.
 

UN ADAGIO: "Hay políticos que son muy buenos, pero que terminan como los mejores tacos de billar: en Viola". (Popular)



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