VIVIR BIEN

Ser fiel en lo mucho y poco

A cada uno de nosotros nos corresponde descu­brir cómo podemos ser “hábiles” y “competentes” para el Reino de Dios.



Ser fiel en lo mucho y poco

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22/09/2019 05:05 / Centro, Tabasco

 DEL LIBRO DEL PROFETA AMÓS: 8,4-7
  
 "ESCUCHEN ESTO. LOS QUE BUSCAN AL POBRE SÓLO PARA ARRUINARLO Y ANDAN DICIENDO: "¿CUÁNDO PASARÁ EL DESCANSO DEL PRIMER DÍA DEL MES PARA VENDER NUESTRO TRIGO, Y EL DESCANSO DEL SÁBADO PARA REABRIR NUESTROS GRANEROS?". DISMINUYEN LAS MEDIDAS, AUMENTAN LOS PRECIOS, ALTERAN LAS BALANZAS, OBLIGAN A LOS POBRES A VENDERSE; POR UN PAR DE SANDALIAS LOS COMPRAN Y HASTA VENDEN EL SALVADO COMO TRIGO. EL SEÑOR, GLORIA DE ISRAEL, LO HA JURADO: "NO OLVIDARÉ JAMÁS NINGUNA DE ESTAS ACCIONES".
 
PALABRA DE DIOS. TE ALABAMOS, SEÑOR
 

MONSEÑOR GERARDO DE JESÚS ROJAS LÓPEZ
OBISPO DE TABASCO
cancilleria@diocesistabasco.org.mx

 
Siguiendo el hilo del evangelio de Lucas en la lectura dominical en­contramos, después del monu­mental capítulo 15 sobre la mise­ricordia, una catequesis sobre el uso inteligente de los bienes terre­nales. La conexión con la parábo­la del hijo pródigo se percibe: éste joven antes de su conversión era de esas personas que malgastan torpemente sus bienes (“malgas­tó su hacienda”; 15,13). También hay una conexión con el pasaje que leí­mos hace quince días: puesto que el discípulo ha renunciado a todos sus bienes, corre el riesgo de caer en espiritualismos ingenuos que lo llevan a pensar ya que no tiene responsabilidades con el trabajo, la economía del hogar o de la co­munidad, y que todo le va a caer del cielo.

Estas preguntas nos pueden ayudar para entrar en el evangelio de hoy: ¿La sola piedad y la buena voluntad son suficientes para ofi­ciar la Iglesia en el mundo de hoy? ¿Habiendo tanta gente ingeniosa para el mal, somos también inge­niosos y creativos para el Reino de Dios? ¿Ponemos en el servicio al Reino toda nuestra astucia y ener­gía? ¿Podemos dejar de lado la re­flexión crítica y de alto vuelo y la competitividad en nuestras accio­nes en el mundo? ¿Podemos dis­pensarnos de una formación cris­tiana seria? En fin, a cada uno de nosotros nos corresponde descu­brir cómo podemos ser “hábiles” y “competentes” para el Reino de Dios. Porque este es un tema importante, Jesús (y hoy la Iglesia junto con él) nos pide que paremos un poco para escu­char la evangélica lección.

Nuestro pasaje de hoy es breve. El punto de partida está en la parábola del mal administrador (que al final resultó bueno) y en su aplicación. Jesús saca lecciones de la gestión empresarial, tal como funcionaba en aquellos tiempos, para mostrar con qué criterios un discí­pulo suyo debe manejar el dinero y las propiedades, no importando que sea poquito. Estos criterios aparecen for­mulados en las palabras de Jesús que estamos siendo invitados a profundizar. En la Galilea de los tiempos del Jesús terreno, los administradores eran nu­merosos. Ellos agenciaban latifundios e importantes propiedades en beneficio de sus propietarios, quienes habitual­mente vivían en Jerusalén o en otras ciudades. De vez en cuando se super­visaba la gestión de estos administra­dores. Ocurría a veces que después del control de cuentas alguno que otro era descubierto por desfalcos o abusos en el libro de contabilidad. Jesús se basa en esta realidad para contar una pará­bola en la que uno de estos administra­dores, cuando es denunciado, reaccio­na rápidamente y se gana amigos antes de que sea demasiado tarde. A cada deudor le disminuye el equivalente un centenar de jornadas de trabajo, lo cual parece demasiado.
 
 Jesús comienza con un dicho to­mado del mundo de sabiduría popular y luego lo aplica a la vida de los discí­pulos. Un dicho de sabiduría: “El que es fiel en lo mínimo, lo es también en lo mucho; y el que es injusto en lo mí­nimo, también lo es en lo mucho”. El di­cho concentra las siguientes verdades: Es verdad que para asumir una tarea im­portante hay que ser competente para ella. Es verdad que una persona que es fiel en una pequeña responsabilidad se gana la confianza de los más para tareas de mayor envergadura. Es verdad que una persona fiel en una gran responsa­bilidad no necesariamente lo es para los asuntos pequeños. Es verdad que la competencia para un trabajo tiene que ser demostrada. Ahora bien, ¿qué es lo que se evalúa a la hora de evaluar la “competitividad”?

Jesús hace referencia a la “Fide­lidad”. La “fidelidad” es una cualidad decisiva para un administrador (ver 12,42; 19,17; 1 Corintios 4,2). Ésta impli­ca dedicación, constancia, honestidad, transparencia, celo por los intereses del propietario. Y podríamos comple­tar la lista de valores. Lo contrario del administrador “fiel” es el “injusto”, ca­lificativo que aquí tiene el significado de “deshonesto”, indigno de confianza. Con ello se tipifica la deshonestidad que es característica de la gente mun­dana, donde priman los propios inte­reses al bien común. La aplicación: “Si, pues, no fueron fieles en el Dinero in­justo, ¿quién les confiará lo verdadero? Y si no fueron fieles con lo ajeno, ¿a quién se le dará lo de ustedes?”.

La lealtad exclusiva era inherente al concepto de servidumbre. Y esto por­que se podía caer en la tentación de amar más a uno que a otro. En nuestro caso: si una persona se pone al servi­cio del dinero, de la misma forma que lo hace con Dios, terminará haciendo de la economía su religión, fallándole a Dios en la consagración total de su ser. Y más aún, se pondrá al servicio de los intereses propios o de los de nuevos patrones, dejando de lado el mayor in­terés de Dios, que es el bienestar de todos sus hijos, sin excepción. La mala opción por el dios-dinero, ciertamente arrastraría a la persona hacia la perdi­ción de su vida. Ahí sí que para nada valieron todos sus trabajos, mostrán­dose al final como un mal administra­dor de lo fundamental, “lo verdadero”. Con una imagen podemos hacer la sín­tesis del evangelio de hoy el discípulo debe tener los pies en la tierra pero el corazón en el cielo.
 

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